Aquest cap de setmana l'Esther Corpas i el David Brunet han anat a Valladolid com a representants dels joves catalans al Seminari Nacional de Joves Post-Sínode. L'Esther ens ha volgut explicar les seves sensacions:

A veces en nuestras parroquias, delegaciones o realidades eclesiales nos piden algún tipo de responsabilidad de la que intentamos rehuir. A veces incluso nos hacemos los tontos y miramos a otro lado, como cuando el apóstol Tomás fingió no ver a Jesús cuando le pidió que le siguiera. “¿Yo?”- Preguntó- y Jesús le dijo-“sí tú, Tomás, ven y sígueme”.

Este año he tenido la suerte de asistir al Seminario Nacional de jóvenes post-sínodo en el cual nos centramos en la exhortación del Papa Francisco. El encuentro fue de treinta y ocho jóvenes de muchas provincias de España incluidos sacerdotes adultos.

Como joven de la iglesia me hacía especial ilusión asistir ya que me sentí de algún modo preferida, por otro lado, confieso que en algunos momentos también me dio pereza porque las sesiones que se hicieron fueron intensas y repletas de trabajo. Fueros dos días llenos de asambleas en los cuales se nos planteó las siguientes preguntas. ¿Qué puede hacer la iglesia a favor de la evangelización? ¿Que ha de cambiar? ¿Que ha de fortalecer? En definitiva, ¿se puede hablar hoy de la verdad de Jesucristo?

Fue asombroso como todos nosotros comenzamos a entrar en diálogo unos con otros intentando desarrollar diez puntos clave para cada tema a discutir: Primer Anuncio, Acompañamiento, Procesos formativos y Discernimiento. Me sentí muy cómoda, entusiasmada y descubrí como cada uno de los jóvenes que asistíamos al encuentro tenía algo precioso que decir sobre su fe, su conversión, su historia de Amor con el señor. También fue algo grande y bello como todos llegábamos a conclusiones tales como que el motor principal de la iglesia debía ser la figura de Jesús, que hubieran más testimonios de fe en las charlas catequéticas, es decir, que la experiencia del encuentro personal con Dios tuviera algo que decir a los jóvenes de todo el mundo. Además, y entre otras muchas cosas, se habló de la importancia de no cambiar el contenido de la iglesia sino del modo de trasmitirlo actualizando los recursos y proponiendo nuevos procesos. La oración también se planteó como pilar fundamental en estas propuestas de mejora, y me sorprendió gratamente como jóvenes de muchas partes de España pudiéramos intuir y querer lo mismo, que diéramos importancia a lo mismo mostraba la fuerza concreta que Dios tiene en nuestras vidas.

En definitiva, esos días observé como el Espíritu Santo actuaba en nuestros gestos, en nuestra escucha y en nuestras palabras, y cómo los adultos se quedaron agradecidos de nuestras voces. Uno de los momentos que más me impresionó fue cuando el sacerdote responsable del encuentro se quedó enternecido por todas las ideas que íbamos aportando: “¡queremos apertura!”- Muchos dijimos. –“Qué la iglesia sea un espacio de apertura, de unión. Que las diferencias entre realidades eclesiales pierdan peso y se apueste por una iglesia abierta al mundo.”-  Y después de estas intervenciones, el sacerdote dijo “esta es la iglesia que necesitamos”.

Así que, jóvenes, y a los adultos jóvenes de corazón, no nos despistemos ni hagamos como el apóstol Tomás. Alcemos la mirada y con un salto, sigámosle.

Esther Corpas

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